24.12.07

25 de diciembre

La alegría de la Navidad

“Cuando Dios falta el mundo queda en tinieblas, todo resulta aburrido y nada satisface. En la actualidad se comprueba fácilmente en un mundo sin Dios se vacía cada vez más, y más necesidad tiene de consumismo, y se convierte en un mundo sin alegría. El máximo gozo se da siempre que hay un gran amor, y en eso consiste exactamente la afirmación esencial de la fe: somos amados por Dios de modo absoluto. Él es un amante fiel. (…).

Así que podemos decir que la alegría es el elemento constitutivo del cristianismo. Alegría, no en el sentido de diversión superficial, que puede ocultar en su fondo la desesperación. Sabemos bien que el alboroto es, a menudo, una máscara de la desesperación. Me refiero a la alegría propiamente dicha, que es compatible con las dificultades de nuestra existencia, y contribuye a hacerla más fácil. En el Evangelio, la historia de Jesucristo empieza con las palabras que el ángel dirigió a María, en forma de saludo: “alégrate”. Y en la noche de su Nacimiento, los ángeles también repetían: “os anunciamos una gran alegría”. Y el propio Jesús dice que viene a traernos una buena nueva, es decir, que el reiterado núcleo de su mensaje es este: Vengo a anunciaros una gran alegría, Dios está aquí, os ama, y esto es para siempre” (Ratzinger, La sal de la tierra, pp. 30-31).

“Nos reunimos para celebrar el gran misterio del amor que nunca termina de sorprendernos. Dios se hizo hijo del hombre para que nos convirtiéramos en hijos de Dios”

“La verdad que salva la vida, que se hizo carne en Jesús, enciende el corazón de quien la recibe con un amor al prójimo que mueve la libertad para devolver lo que se ha recibido gratuitamente”.

La venida de Dios, «que se hace como uno de nosotros en Navidad, es un don inestimable, un don capaz de hacernos vivir el abrazo universal de los amigos de Dios, en esa red de amistad con Cristo que une el cielo y la tierra, que orienta la libertad humana hacia su cumplimiento y que, si es vivida en su verdad, florece con un amor gratuito y lleno de atención por el bien de todos los hombres».

«No hay nada más hermoso, urgente e importante que volver a dar gratuitamente a los hombres lo que hemos recibido gratuitamente de Dios», reconoció el Papa.

“No hay nada que nos pueda eximir o dispensar de este exigente y fascinante compromiso. La alegría de la Navidad que ya experimentamos, al llenarnos de esperanza, nos empuja al mismo tiempo a anunciar a todos la presencia de Dios en medio de nosotros” (Benedicto XVI, Ángelus, 23/12/07).

Fijar los ojos en Jesús Niño. Vida de infancia

En los meses de septiembre y octubre de 1931, cuando en el corazón de aquel joven sacerdote germinaban tan copiosamente los afectos de amor, el Señor le confirmaba en el camino del verdadero abandono filial. Y del torrente de aquellas gracias brotó fortalecida otra vena de agua: una particular vida de infancia espiritual.

Tenía por costumbre, no pocas veces, cuando era joven —nos dice el Fundador—, no emplear ningún libro para la meditación. Recitaba, paladeando, una a una, las palabras del Pater Noster, y me detenía —saboreando— cuando consideraba que Dios era Pater, mi Padre, que me debía sentir hermano de Jesucristo y hermano de todos los hombres.

No salía de mi asombro, contemplando que era ¡hijo de Dios! Después de cada reflexión me encontraba más firme en la fe, más seguro en la esperanza, más encendido en el amor. Y nacía en mi alma la necesidad, al ser hijo de Dios, de ser un hijo pequeño, un hijo menesteroso. De ahí salió en mi vida interior vivir mientras pude —mientras puedo— la vida de infancia, que he recomendado siempre a los míos, dejándolos en libertad.

El 2 de octubre, fiesta de los Ángeles Custodios, tercer aniversario de la fundación del Opus Dei, y víspera de la fiesta de Santa Teresita de Lisieux, invocó ardientemente a los espíritus celestiales, y de manera especial a su Ángel Custodio:

Le eché piropos y le dije que me enseñe a amar a Jesús, siquiera, siquiera, como le ama él. Indudablemente Santa Teresita [...] quiso anticiparme algo por su fiesta y logró de mi Ángel Custodio que me enseñara hoy a hacer oración de infancia. ¡Qué cosas más pueriles le dije a mi Señor! Con la confiada confianza de un niño que habla al Amigo Grande, de cuyo amor está seguro: Que yo viva sólo para tu Obra —le pedí—, que yo viva sólo para tu Gloria, que yo viva sólo para tu Amor [...]. Recordé y reconocí lealmente que todo lo hago mal: eso, Jesús mío, no puede llamarte la atención: es imposible que yo haga nada a derechas. Ayúdame Tú, hazlo Tú por mí y verás qué bien sale. Luego, audazmente y sin apartarme de la verdad, te digo: empápame, emborráchame de tu Espíritu y así haré tu Voluntad. Quiero hacerla. Si no la hago es... que no me ayudas. Y hubo afectos de amor para mi Madre y mi Señora, y me siento ahora mismo muy hijo de mi Padre Dios.

Esta catalina es la primicia del nuevo camino emprendido. Pasó luego don Josemaría, en recogimiento interior, unos días de oración afectiva y fervorosa, mientras por la calle corrían rumores alarmantes de una nueva quema de iglesias y conventos. El 14 de octubre se enteró que se había aprobado el famoso y triste artículo 26 de la Constitución, que llevaba pareja la expulsión de la Compañía de Jesús. Esa misma tarde se fue a ver a su confesor a Chamartín. El peligro no afectaba solamente a los jesuitas.

Todos los conventos y residencias de religiosos estaban expuestos a ser asaltados. Los estudiantes católicos solían, para protegerlos, montar la guardia de noche. El 15 de octubre, día de Santa Teresa de Jesús, el capellán se presentó en clausura. Las monjas se hallaban atemorizadas por los alarmantes rumores que les venían de la calle. Las sosegó como pudo, poniendo calor y optimismo en sus palabras:

Hoy entré en la clausura de Santa Isabel. Animé a las monjas. Les hablé de Amor, de Cruz y de Alegría... y de victoria. ¡Fuera congojas! Estamos en los principios del fin. Santa Teresa me ha proporcionado, de nuestro Jesús, la Alegría —con mayúscula— que hoy tengo..., cuando, al parecer, humanamente hablando, debiera estar triste, por la Iglesia y por lo mío (que anda mal: la verdad): Mucha fe, expiación, y, por encima de la fe y de la expiación, mucho Amor. Además esta mañana, para purificar dos Copones, por no dejar al Ssmo. Sacramento en la Iglesia, comulgué casi medio copón, aunque di bastantes formas a cada religiosa.

Las religiosas le premiaron aquella siembra de alegría:

Al salir de la clausura, en la portería, me han enseñado un Niño, que era un Sol. ¡No he visto Jesús más guapo! Encantador: lo desnudaron: está con los bracitos cruzados sobre el pecho y los ojos entreabiertos. Hermoso: me lo he comido a besos y... de buena gana lo hubiera robado.

Desde entonces se acercaba todas las semanas al torno del convento y la Madre Tornera le dejaba el chiquitín. Era la época en que se entrecruzaban en su alma alegrías y desconsuelos, un ardiente fluir de afectos en su oración y duras pruebas en las que pedía una cruz sin Cirineos. La devoción al Niño iba informando su vida interior:

El Niño Jesús: ¡cómo me ha entrado esta devoción, desde que vi al grandísimo Ladrón, que mis monjas guardan en la portería de su clausura! Jesús niño, Jesús adolescente: me gusta verte así, Señor, porque... me atrevo a más. Me gusta verte chiquitín, como desamparado, para hacerme la ilusión de que me necesitas.

A medida que arraigaba en su alma la sólida devoción a la infancia de Cristo, comprobaba don Josemaría lo que ese comportamiento espiritual tenía de paradoja, pues requería, a un mismo tiempo, reciedumbre y exquisita delicadeza:

Reconozco mi torpeza, Amor mío, que es tanta..., tanta que, hasta cuando quiero acariciar hago daño. Suaviza las maneras de mi alma: dame, quiero que me des, dentro de la recia virilidad de la vida de infancia, esa delicadeza y mimo que los niños tienen para tratar, con íntima efusión de amor, a sus padres.

Por esas vías, que no eran de infantilismo sentimental, hacía el Señor más recia su alma, como observa en una catalina:

Camino de infancia. Abandono. Niñez espiritual. Todo esto que Dios me pide y que yo trato de tener no es una bobería, sino una fuerte y sólida vida cristiana.

Con la confianza de un hijo pequeño ante su Padre Dios, ajustó los antiguos hábitos de la oración, no sin esfuerzo, a aquel nuevo camino de infancia, confirmándose más y más en lo hermoso y suave que es este camino, porque lleva a los pecadores a sentir como los santos han sentido (Vázquez de Prada, Tomo I, pp. 404 y ss).

22.12.07

Fraternidad

Mandatum Novum.

"Para vosotros no habrá obstáculos insuperables, había escrito poco antes el Fundador a los suyos, sobre todo, cuando de continuo os sentís unidos, por una especial Comunión de los Santos, a todos los que forman vuestra familia sobrenatural. Pensamiento que sostenía su optimismo al encararse con la ingrata tarea de recomenzar a partir de las ruinas. Y no es mera casualidad el que, cuando don Josemaría visitó de nuevo Ferraz, el 21 de abril, encontrase un consolador vestigio de aquella fraternidad que allí se vivió. Entre los cascotes del piso, halló el pergamino que había mandado colgar antaño, con el texto evangélico: Mandatum novum do vobis: ut diligatis invicem, sicut dilexi vos, ut et vos diligatis invicem. In hoc cognoscent omnes quia discipuli mei estis, si dilectionem habueritis ad invicem" (Jn. 13, 34-35) (Vázquez de Prada).

La fraternidad es una consecuencia lógica del amor a Dios. Queremos a los demás con el amor de Dios.

El amor de Dios une, el egoísmo desune. San Lucas (cfr Lc 9, 46) cuenta cómo los apóstoles comienzan a convertir el poder divino de Jesús en un reino terrestre y en una soberanía humana. Discutían sobre quién tendría la preeminencia en la futura organización política y económica denominada “Reino de Dios”.

Nuestras casas son hogares de familia.

Somos distintos. Como los apóstoles. Simon Zelotes, nacionalista radical, compañero de apostolado de Mateo el publicano, por su profesión, un traidor de su pueblo (Sheen, p. 117).

Cfr. Memoria ingenua, p. 151.

Nada hay en el mundo que valga lo que vale un alma (Mc 8, 36). ¿De qué le sirve al hombre ganar la vida si pierde su alma?

"Con un convencimiento palpable, repetía que en cada uno de nosotros veía a Cristo joven, a Cristo que trabaja, a Cristo enfermo, a Cristo que sufre, a Cristo que hace apostolado, a Cristo que ama, a Cristo que se entrega, a Cristo que cumple la Voluntad del Padre. Por eso, se unía a la lucha espiritual de cada uno de los miembros del Opus Dei, y alzaba su oración al Señor por su fidelidad.

Recuerdo que, en 1971, atendió en dos ocasiones a una hija suya, desahuciada por el cáncer. Mientras estaba con la enferma, demostraba una fortaleza extraordinaria. Pero, a la salida de una de aquellas visitas, cercana la Navidad, Mons. Escrivá de Balaguer hubo de refugiarse en la capilla de la clínica, para enjugarse las lágrimas, deshecho por los sufrimientos de su hija. Se acomodaba con fortaleza a las necesidades de las almas, de acuerdo con lo que nos describía en 1958: hijos, nosotros estamos para servir a los demás, haciéndoles amable el camino que lleva a Dios. Hemos de servir a todas las almas. ¡Servir! Este es el secreto, si de verdad queremos ser humildes; y así veremos siempre con alegría los dones que los otros han recibido de Dios y sus buenas cualidades. Si no reaccionamos de esta forma, conviene que echemos una mirada sincera a nuestra alma porque quizá -y sin quizá- todavía andamos detrás de nuestro yo, de nuestra vanagloria, de esa gloria vana que nos hace susceptibles con todos y por todo" (Memoria del Beato Josemaría).

No juzgar. Usar la 'medicina de la misericordia'.

La parábola del buen samaritano.

Que vea con tus ojos Cristo mío, Jesús de mi alma.

Las prisas matan el amor.

26.11.07

Amor de Dios

Dios se ha enamorado del hombre. Nuestra vocación cristiana es llamada divina. La iniciativa fue suya. Ante ese derroche de generosidad, la respuesta por nuestra parte ha sido "aquí estoy porque me has llamado" (Sam 3, 1-10, 19-20). Dios nos dará las gracias y los talentos necesarios para que podamos corresponderle a lo que nos va pidiendo.

La vocación es llamada y la entrega es una correspondencia al amor que Dios nos tiene. Mi vocación no es una renuncia a nada. Yo soy de Dios. He nacido para ser de Dios. Soy Hijo de Dios.

Cfr. Carta 10/04.

El amor de Dios da sentido a la vida de cualquier cristiano. Nada en nuestra vida tendría sentido si no lo hiciéramos por amor a Dios.

El amor crece y se perfecciona con el tiempo. Se abrillanta, se pule, se acrisola.

San Josemaría estaba mucho más emocionado con su vocación al final de su vida que al principio. La “emoción” de San Josemaría no era una emoción sensible o sentimental.

Amor con amor se paga. Somos enamorados. El fundamento de nuestra fidelidad es el. Así lo resume San Josemaría en el último punto de Camino: “enamórate y no le dejarás”. El secreto de la perseverancia lo tenemos claro: “Ya comáis, ya bebáis, hacedlo todo por amor”, nos recuerda San Pablo.

“Nadie es feliz en la tierra hasta que se decide a no serlo. Así discurre el camino: dolor, ¡en cristiano!, Cruz; Voluntad de Dios, Amor; felicidad aquí y después, eternamente” (San Josemaría, Surco, 52).

En una Tertulia el día 8 de enero de 1995, el Padre, al día siguiente de la Misa en San Eugenio en la que habían participado todos los Vicarios regionales dando gracias a Dios por la ordenación episcopal del Prelado, contó que al final de aquella misa -tal como sucedió con Don Álvaro 4 años antes- hizo un recorrido por el pasillo central de la Basílica para dar la bendición a los asistentes, que aplaudieron al Padre durante todo el recorrido. El Padre, sonriente, daba la bendición a derecha e izquierda. No pudo llegar hasta el final de la Basílica por la cantidad de gente que había. El Padre comentó en la tertulia: “ayer dí muchas gracias a Dios por todo, pero me conmovió profundamente en la Basílica de San Eugenio, al final -cuando hubiera querido quedarme tiempo y tiempo con cada una y cada uno de vosotros-, ver tanta gente heroica, santa, con una vida escondida, que estaba en un rincón, al fondo de la iglesia, felicísima, sin estar nunca en primer lugar. Ese es el Opus Dei: tantas personas santas, que trabajan en lugares donde nadie les puede decir: ¡gracias!; tampoco esperan que se las den porque lo que buscan es el amor de Dios. Ese es el Opus Dei” (Cn 01/95, p. 41).

Hemos de rezar por nuestra propia vida interior, por nuestra conversión personal.

Podemos tener debilidades. Podemos ser miserables. Es más, Dios quiere nuestras debilidades, tenemos derecho a tener debilidades, tenemos derecho a ser miserables; pero Dios nos quiere enamorados. No es incompatible ser miserables y estar enamorados de Dios y de nuestro camino. San Josemaría se refería a él mismo como “un pecador que ama con locura a Jesucristo”. ¿Quería con estas palabras hacer una frase bonita?

2.10.07

La canonización de San Josemaría

Corriere della Sera, 6 ottobre 2007

L'Opera che don Escrivà non voleva


di Vittorio Messori

Fu giusto cinque anni fa, il 6 ottobre del 2002, in quella piazza San Pietro che aveva visto folle innumerevoli, ma mai una di tale dimensione. Per quanto conta, ne ho un ricordo privilegiato, almeno quanto a prospettiva visiva, trovandomi accanto a Giuseppe De Carli per aiutarlo nella lunga diretta televisiva. Il palco della Rai era una sorta di palafitta accanto al colonnato : da quella posizione elevata si vedeva come la marea umana fosse divisa in settori squadrati, dove ciascuno aveva il suo posto. Forse, un centomila persone, capaci peraltro di un silenzio impressionante, quando la liturgia lo richiedeva o quando il Papa parlava .

Ma, al di là del rigoroso ordine nello spazio ideato dal Bernini, la folla nereggiava compatta per l’intera via della Conciliazione, sino al Tevere. Anzi, ben oltre, tanto che, per salutare tutti, Giovanni Paolo II in papamobile fece addirittura il periplo di Castel Sant’ Angelo. A conti fatti, circa mezzo milione. Le telecamere inquadrarono volti bagnati dal pianto: piangevano perchè erano venuti da lontano, magari dando fondo ai pochi risparmi, ma i limiti fisici della piazza avevano impedito loro di avvicinarsi .Era la liturgia di canonizzazione di Josemarìa Escrivà de Balaguer, il “fondatore“ dell’Opus Dei. Le virgolette sono giustificate, le esigeva lo stesso interessato quando – malgrado il suo desiderio di nascondimento – si scriveva di lui. < >>, sono un fondatore senza fondamento, ripeteva, scuotendo il capo.

C’è, qui, un aspetto decisivo, eppure quasi sempre ignorato, dell’autocoscienza di una delle istituzioni cattoliche più amate (come confermò l’impressionante marea umana del 2002) e, al contempo, più contestate se non detestate, talvolta persino all’interno stesso della Chiesa. Amici e nemici spesso non sanno quale sia la realtà con cui si confrontano. Dunque, a un lustro esatto dalla canonizzazione, va ricordato che non solo don Josemarìa non voleva “fondare“ alcunché (meno che mai l’Opus Dei) ma vi fu costretto e vi si accinse, come confessò, <<de mala gana>>, di mala voglia.

Così, in effetti, andarono le cose: il mattino del 2 ottobre del 1928, il pretino aragonese di 26 anni, venuto a Madrid per completare gli studi in diritto, si trova nella camera assegnatagli per seguire esercizi spirituali di routine in una casa dei Vincenziani. Il giovane sacerdote non ha un temperamento mistico ma , semmai, pragmatico, da organizzatore e non da profeta, tanto da essere stato incerto tra seminario e politecnico, tra teologia ed architettura civile. Anche ora pensa a un futuro da solido amministratore di curia, non certo da prete carismatico. La sua spiritualità, che resterà tale per tutta la vita e trasmetterà poi ai discepoli ( l’Opus Dei non è per nulla milagrera), non attende “segni“ ma addirittura ne diffida, convinta che Dio parli attraverso le vicende quotidiane. Ebbene, proprio mentre le campane della chiesa vicina suonano il mezzogiorno, avviene “l’evento” – inaspettato e sconvolgente – che muterà la vita non solo di don Josemarìa ma di innumerevoli persone nel mondo e che porterà alla prima, e sinora unica, Prelatura Personale della Chiesa, con 84.000 seguaci, tra i quali 1.800 sacerdoti, in ogni continente. Per dirla con le parole del Postulatore della causa di canonizzazione: <vide l’Opus Dei, così come il Signore la voleva e come avrebbe dovuto essere nel corso dei secoli>>. Don Escrivà affermò sempre, con decisione, che l’istituzione non era affatto “sua“, che non nasceva da analisi, discussioni, desiderio di rispondere a bisogni spirituali o materiali, come avviene per ogni altra famiglia religiosa. Non, dunque, una fondazione ma una rivelazione. Il nome stesso, “Opera di Dio“, vuole indicare che tutto era da sempre nei progetti celesti e che il giovane – nonché povero e isolato – sacerdote giunto da Saragozza è stato scelto solo come strumento. Strumento, per altro, a lungo recalcitrante, tanto da avere cercato di sottrarsi a un compito che non solo non aveva cercato ma che lo spaventava. Ma, se proprio doveva caricarsi di quella croce, l’avrebbe almeno limitata: <<>> , scrisse a uno dei pochi amici con cui si era confidato. E invece, il 14 febbraio 1930 , mentre celebrava la messa, una nuova mazzata: “rivide“ ciò per cui, volente o nolente, doveva essere strumento ubbidiente e, con sgomento, scorse che era composta non solo di uomini ma anche di donne. Oggi, in effetti, maschi e femmine sono in parità numerica tra i membri dell’Opera. Un giardiniere, dunque, cui il Padrone dell’orto affida un seme perchè, dedicandovi una vita di lavoro, lo trasformi in una pianta, la cui specie e il cui aspetto sono stabiliti ab aeterno.Da qui, conseguenze importanti: innanzitutto, la convinzione che l’Opus Dei, in quanto nata non da un piano umano per rispondere a circostanze particolari ma da un progetto sovrumano, ha per sè i secoli, sino alla fine della storia e al ritorno del Cristo . La persuasione, poi, che il processo di crescita sarà lento e graduale ma -come avviene appunto per un grande albero- continuo e sicuro. Dio, che l’ha voluta, è garante del suo avvenire. Da qui la <> , senza fretta ma in qualche modo implacabile, che contrassegna un’Opera che avrebbe colto di sorpresa persino colui che, da cinque anni, la Chiesa ha innalzato tra i suoi santi.

15.5.07

Violencia de género

Autor: Antonio García-Berbel M
Hace casi un año, pudimos leer en la prensa catalana: “Bargalló cree que la violencia de género es un síntoma de un fracaso social”. En esa ocasión, por ese motivo, y sin que sirviera de precedente, como granadino, andaluz y español mostré mi total acuerdo con el diagnóstico pero no con la terapia del que fue Conseller en Cap de la Generalidad de Cataluña. Ciertamente es un síntoma del fracaso social. Con lo que discrepaba, y lo mantengo, es con las medidas que propuso para su aplicación.
Si hacemos un pequeño análisis de los casos de violencia doméstica, que desgraciadamente acaban mal, se comprueba que: se producen, generalmente, en parejas desorientadas, constituidas por personas con problemas psicológicos o con una formación carente de valores, o las dos cosas al mismo tiempo.
No es de extrañar, con una educación en la que no se profundiza en los valores familiares y sociales. ¿Continúa creyendo el Sr. Bargalló que con chips en las orejas o en el cuello de los agresores, como si fueran perros o vacas, se solucionarán los problemas, tal y como proponía?
¿La salida de esta gravísima lacra social es poner más dineros? No se despechan pero, con esa medida, se puede llevar a los ciudadanos un mensaje para sentir miedo y falta de libertad. La solución pasa, entre otras muchas acciones, por un rearme moral de todas las personas, sin distinción de ningún tipo, y con objetivos bienhechores de los ciudadanos. A título de ejemplo: recuperación de la trascendencia, sentido de la vida…
Es admirable la declaración de las instituciones granadinas considerando “intolerable” la lacra de violencia doméstica.
Que se cumpla, no solamente en Granada sino en todo el territorio español, el deseo del Alcalde de la ciudad de la Alhambra, don José Torres Hurtado: “que el respeto y la paz en el entorno familiar se imponga”.

15.2.06

La vejez

Cuando los individuos y las sociedades pierden la fidelidad al justo medio, igualmente alejado de extremos viciosos, el progreso es imposible. Así ocurre con el fenómeno social de la vejez.
Leímos, en algún medio de comunicación social, que un viejo cuesta cuatro veces más caro a la Seguridad Social. Como casi siempre un recordatorio, espeluznante, a la economía: habida cuenta de la escasa natalidad, ¿quién pagará mañana, las pensiones y las demás prestaciones? ¿No veremos surgir un racismo antiviejos tan virulento como los que enfrentan las razas, los partidos políticos, las clases sociales, etcétera?Hace pocos años, un personaje conocido proponía el nombre erudito de gerontofobia para este nuevo racismo. Y, de hecho, al margen de la cuestión económica, en la actualidad, finalizando el año 2006, una buena parte de la población no es especialmente sensible para con la vejez, aunque intente aparentar lo contrario.
Desgraciadamente, hay muchos ejemplos en las ciudades de nuestra querida España. Este tipo de personas suele retratar a los ancianos con los motes peyorativos de ruina, carcamal o vejestorio para designar a hombres y mujeres que tienen el mal gusto de demorarse demasiado tiempo en nuestro planeta. Sin embargo, y en paralelo con este descrédito, vemos cómo cada día florece e incrementa la publicidad que exalta la postmadurez, como el supremo desarrollo de la existencia: la edad de oro, la vida ascendente.
La verdad se sitúa entre los dos extremos. No todos los viejos están acabados por los achaques. Incluso algunos justifican por su vida interior y por su conducta los versos célebres de Víctor Hugo: «Se ve la llama en los ojos de los jóvenes, pero en el ojo del viejo se ve la luz». No podemos ni debemos olvidar que, por regla general, los ancianos ganan en sabiduría lo que perdieron en vigor.

31.12.05

Naturalidad y sencillez

Deseables propósitos para este año que comienza. La sencillez y la naturalidad hacen que las personas sean especialmente agradables y amenas. Los individuos modélicos en estas probidades huyen del espectáculo y de la vanagloria, de los gestos falsos y teatrales; se hacen asequibles a los enfermos, a los desamparados y a todos los necesitados sin distinción de clases ni acepción de personas. Este tipo de gentes, no muy abundantes por cierto, además son humildes, es decir veraces. La humildad (andar en la verdad) es una virtud humana imprescindible para la convivencia.
Por otra parte, la sencillez exige, entre otras cosas, claridad, transparencia y rectitud de intención, que nos preserva de tener una doble vida. Requiere de una voluntad fuerte, que nos lleve a escoger el bien. Las gentes sencillas juzgan de las cosas, de las personas y los acontecimientos según un juicio recto y no por las impresiones del momento. Se reconocen como en realidad son y aceptan su propias limitaciones. Lo contrario de sencillo es ser complicado. En la convivencia diaria, toda complicación pone obstáculos entre uno y los demás.
La sencillez y naturalidad son valores humanos extraordinariamente atrayentes pero difíciles a causa de la soberbia, que nos lleva a tener una idea desmesurada de nosotros mismos, y a querer aparentar ante los demás por encima de lo que somos y tenemos. La pedantería, la afectación, la jactancia, la hipocresía y la mentira se oponen a la sencillez, y por tanto, a la amistad a las buenas relaciones de vecindad y no digamos en el ámbito de la familia. Seamos sencillos cuidando la rectitud de nuestras acciones. Así nos irá muy bien el año 2006.

21.11.05

Bosco Gutierrez

Nueve meses en un zulo de un metro por tres

"A mayor rechazo, mayor angustia"

La mañana del 29 de agosto de 1990, Bosco Gutiérrez besó a su mujer y a sus siete hijos, minutos después fue secuestrado. Vivió nueve meses en un zulo de un metro por tres, desnudo la mitad del tiempo. "Yo entiendo mi secuestro como si Dios me hubiera dicho: no te puedo volver a meter en el vientre de tu madre, pero te voy a meter nueve meses en un cuartito para que con tu inteligencia y tu memoria decidas cómo vas a vivir tu segunda oportunidad. Entendí con todo mi ser que mi tesoro es mi gente y no mi trabajo o mi cuenta bancaria. En el zulo lo hubiera dado todo por abrazar un minuto a uno de mis hijos. Desde entonces valoro a la gente por sus cosas positivas y no por sus errores". A los secuestradores no los cogieron, pero Bosco no ha tenido pesadillas. "Aprendí, fue muy positivo, no lo rechazo"

Tengo 48 años. Nací y vivo en México DF. Estoy casado, tengo nueve hijos y vengo de una familia de 14 hermanos. Estoy licenciado en Arquitectura. Mi postura filosófica y política se basa en lo que yo hago: una arquitectura en función del ser humano. Soy católico. He dado una conferencia en la UIC sobre la historia de mi secuestro

- ¿Cómo se sentía?

- Me tuvieron desnudo cuatro meses. Los secuestradores iban con capucha y jamás oí sus voces, se comunicaban por escrito. Después de tenerme tres días a oscuras me pasaron un interrogatorio: "Hasta que conteste no comenzarán las negociaciones".

- Contestó, claro...

- Les conté detalles de la vida cotidiana de mi familia y me sentí un traidor, me abandoné y me dejé morir. Trece días tirado en el suelo, haciéndome las necesidades encima.

- ¿Salió de ese estado?

- Uno de los guardianes me mostró un papel: "¡Viva México! (era el día de la independencia), puede tomar lo que quiera".

- ¿Qué pidió?

- Un gran vaso de Chivas. Me lo trajo, yo me arrastré para cogerlo porque estaba totalmente entumecido y me fui al rincón como un animal con su presa. "Esto sí lo voy a gozar", me dije. Entonces, el otro Bosco que hay dentro de mí comenzó a hablarme: "¡A ver si eres tan hombrecito!, ofrece el whisky".

- ¿Y?

- "Yo ofrezco estar secuestrado", dije. "Eso no depende de ti", contestó mi voz interior, y tiré el whisky por el váter. Me quedé pensando que había hecho una estupidez y me dormí. Cuando desperté, cogí el papel sobrante del interrogatorio y escribí: "Hoy gané mi primera batalla, no todo lo deciden ellos". Así empecé a recuperar la autoestima.

- ¿Cómo consiguió que creciera?

- Pensé que no sería muy diferente lo que yo le diría a uno de mis hermanos si estuviera en mi lugar y decidí escribir una carta como si el secuestrado fuera otro. Me puse en pie por primera vez en 19 días y recé.

- ¿Olvidó la carta?

- Sí, pero cuando acabé el rosario la vi dobladita junto a la puerta y me puse a llorar como un idiota: "¡Recibí una carta de mis hermanos, qué maravilla!", grité. El Bosco realista me decía: "Ya te volviste loco".

- ¿Qué ponía en la carta?

- "Éste no es un problema personal, es un problema familiar, y lo vamos a resolver en equipo, pero tú eres el que tiene el trabajo más importante: cuidar de ti mismo".

- ¿Abandonó el papel de víctima?

- Sí, entendí que mi trabajo era entregar mi cuerpecito perfecto al equipo. Así estructuré mi vida, que dividí en tres columnas: salud mental, salud física y aprovecha el tiempo incluso en esas circunstancias.

- ¿Cómo aprovechar el tiempo en un zulo?

- Lo primero era no volverme loco. Entendí que cuanto mayor fuera el rechazo más crecería la angustia, y decidí aceptar mi circunstancia, limpiar mi cuartito y controlar la imaginación. El tiempo lo medía a través de una cinta de música que ellos ponían para que no los oyera, todo el rato la misma.

- Eso es muy mortificador...

- Yo lo convertí en un instrumento. Vivía días de 32 casetes y acabé ajustando la fecha, esas conquistas mejoran tu autoestima. También pedí una dieta muy sencilla que le recomiendo.

- ¿. ..?

- Fruta tres veces al día, cereales por la mañana, proteína al mediodía y yogur por la noche. Corría una hora y media al día (tres casetes) y hacía un casete de abdominales. Pero estoy convencido de que el músculo más importante es la voluntad.

- ¿En qué pensaba?

- En mi madre, que había muerto tres años antes. Recuperé un recuerdo de niño, un sueño. Estaba en el infierno, y un tipo me gritaba: "Estas aquí por no haber ayudado a nadie, fuiste egoísta, y yo estoy aquí porque nadie me echó una mano. Si me hubieras ayudado, los dos estaríamos en el cielo". Mi madre, que era muy inteligente, me dijo: "Te acabas de dar cuenta de tu responsabilidad como cristiano, hay que ayudar a los demás".

- ¿Temía encontrar en el infierno a uno de los secuestradores?

- Pues sí, y que me dijera: "Te pudres en tu perfección, porque nunca pensaste que nosotros somos tan dignos y valiosos para Dios como cualquiera".

- ¿Y empezó a hacer apostolado?

- Recé por ellos y cuando llegó Navidad les pasé un papelito: "Señores guardianes, hoy es Navidad y no hay ni secuestradores ni secuestrado, todos somos hijos de Dios y a las ocho de la noche vamos a rezar". A esa hora abrieron la ventanuca de la puerta y vi a cinco encapuchados blancos en un fondo negro.

- ¿Qué les dijo?

- Les hablé de la humildad y les leí el evangelio. Al terminar, uno por uno me dieron la mano y experimenté la felicidad más grande. Salir de mí mismo y pensar en los otros hizo que me sintiera valiente y útil. "Arquitecto Bosco - me escribió uno de los secuestradores-, díganos de dónde saca usted la fuerza".

- ¿De dónde?

- Había perdido el miedo, sabía que mi vida no estaba en sus manos, sino en las de Dios. Los cinco meses restantes fueron de gran profundidad espiritual.

- ¿Tiene nostalgia de esos nueve meses?

- En cierto modo. La sociedad nos mueve a interiorizar poco, vivimos muy en la superficie, no tenemos espacio para reflexionar y por tanto poco crecimiento personal, de manera que tus relaciones con los demás son atropelladas, y tus actitudes, no ponderadas.

- ¿Cómo salió de allí?

- Temía que me abandonaran dejándome morir. Durante meses estuve fabricando una ganzúa con un muelle del catre. La idea era usarla si me abandonaban, pero quise probarla, abrí y no pude volver a cerrar. Me veía muerto. Avancé, pasé junto a un guardián que dormía y salté por una ventana.

IMA SANCHÍS. LA VANGUARDIA - 21/11/2005

2.5.05

El bautizo de una top model internacional

Se llama Raquel y acaba de ser bautizada. Hasta ahí sería un acontecimiento habitual. Lo que ocurre es que Raquel tiene 22 años, fue Miss Gipuzkoa en 2001 y Top Model International en 2003. Y aquí empieza lo infrecuente. Además, su bautizo fue en la catedral de El Buen Pastor en la noche del sábado al Domingo de Resurrección (25.III.2005), y oficiado por el Obispo de San Sebastián, José María Uriarte. «Soy modelo de profesión, pero muy pudorosa para mi vida privada», se justifica esta imponente mujer que estudia cuarto de Derecho en Donostia y alterna su residencia en San Sebastián con trabajos en Zinbawe o Estados Unidos. «Mi decisión de bautizarme es muy íntima, pero me han animado a contarla en público porque puede servir para que otros reflexionen», añade con una tenue voz que contrasta con su metro y ochenta centímetros de altura.

En una sociedad como la guipuzcoana no es habitual que haya adultos que decidan bautizarse. Y menos que sean modelos con pasado de miss. ¿Por qué ahora? «Mis padres eran católicos, pero cuando nacimos mi hermano y yo pensaron que era mejor esperar a que fuéramos adultos para que nosotros mismos decidiéramos si queríamos bautizarnos o no. Consideraron que era una elección muy íntima y que debíamos tomarla nosotros cuando tuviéramos criterio para elegir». Aquella opción de los padres levantó las protestas de los abuelos, partidarios de un bautizo «convencional».

Preocupada por los demás

Raquel estudió en un colegio laico y vivió ajena a la religión católica. «A los 17 ó 18 años tenía la misma empanada mental que todo el mundo a esa edad, pero fui teniendo algunas ideas claras», explica. Así, animada por su madre, empezó su andadura como modelo en la agencia donostiarra Firts Models, y al mismo tiempo inició los estudios de Derecho en la facultad de San Sebastián. En 2000 surgió la posibilidad de presentarse a Miss Gipuzkoa; participó en el concurso y lo ganó. «A partir de ahí tuve que compaginar la carrera y el trabajo de modelo con esfuerzo y la ayuda de los profesores, pero seguí adelante». Raquel Balencia fue subiendo peldaños y en 2003 ganó en Beirut el título Top Model International, que le abriría puertas en todo el mundo. Ahora sigue trabajando en diversos países, de la mano de una agencia barcelonesa, aunque «el mundo de la moda no me gusta nada: disfruto en la pasarela y disfruto viajando, conociendo países y culturas, pero las leyes internas de este universo me dejan muy fría», puntualiza.

Y en una vida de glamour, apariencia frívola y más cuerpos que almas... ¿cómo aparece la inquietud religiosa? «Siempre he alternardo mi oficio con cursos sobre cuestiones que me interesan. Hace unos años hice un curso de protocolo y conocí a algunas chicas de ISSA (Instituto de Secretariado de San Sebastián) a través de las cuales llegué a Rafael Hernández, capellán de la escuela. Yo estaba en ese momento muy preocupada por los valores humanos, por la necesidad de recuperar un bien esencial, que es ser buena persona con los demás. Conecté con don Rafael y le pedí que me diera una especie de catequesis, y al final decidí bautizarme, porque comprobé que los valores en los que yo creo son los valores de la religión católica».

Bautizo en el Buen Pastor

Así se fraguó un bautizo que cristalizó en la pasada Semana Santa. «Antiguamente era tradición que los adultos se bautizaran esa noche del sábado al domingo, porque es la noche de la resurrección de Jesús», explica Raquel Balencia. Y el Sábado Santo, a las diez de la noche, comenzó en El Buen Pastor la ceremonia presidida por el obispo y concelebrada por una decena de sacerdotes en la que también fue bautizado un ciudadano de procedencia árabe residente en Gipuzkoa.

«La iglesia estaba llena, porque además de nuestras familias estaban allí los fieles que acudían a la misa de ese día tan señalada», recuerda la miss. «Es un bautizo normal, con la diferencia de que en lugar de ser niños de meses somos adultos, y tuvimos que hablar ante la gente para explicar por qué tomábamos la opción de Jesús. Y te puedo asegurar que para mi es mucho más complicado dirigirme al público para hablar de una cuestión tan íntima que desfilar por una pasarela», agrega Raquel. Sus tíos fueron los padrinos.

¿Asume que no es frecuente ver a una modelo siendo bautizada? «Hace siglos era normal que la gente se bautizara siendo mayor, cuando ya tiene uso de razón y puede elegir su religión», argumenta. «Ahora estamos acostumbrados a que los bautizos se hagan de niño y por eso puede chocar mi decisión, pero el concepto de 'normal' es muy relativo, porque cada cultura, cada sociedad, cada pueblo, tiene sus costumbres y piensa que las raras son las del vecino», añade Raquel.

La modelo donostiarra explica que «no todo el mundo se bautiza por las mismas razones. Yo entro en la religión católica porque lo que predicó Jesús, la bondad, la ayuda a los demás, son mis valores. Y pienso que cuanto más bien haces al prójimo, mejor te trata la vida». ¿Cómo han recibido sus compañeros del mundo de la moda su «conversión»? «Pues la verdad es que la mayoría se enterarán leyendo este periódico, porque yo hablo muy poco de mí misma. Si he aceptado contar esta historia es porque me han animado. Quizás hay gente desorientada que puede ver la luz al conocer mi evolución», dice con timidez. «La moda es un mundo complicado. Yo empecé muy jovencita y tuve la suerte de tener al lado a mis padres, que me ponían los pies en el suelo y no dejaban que me lo creyera del todo. Y además, siempre he entendido que una cosa es el trabajo y otra mi vida. Procuro separarlas bien».

Raquel Balencia, mientras tanto, sigue su vida. Continúa los estudios de cuarto de Derecho, en verano trabajará en Tailandia y Barcelona y, siempre que puede, se escapa a bailar tangos o hacer surf en la playa.

¿Y el futuro? «Me gusta el mundo de las relaciones internacionales. Cuando termine la carrera me encantaría hacer un master en ese campo en Estados Unidos, y luego, ya se verá». A corto plazo le espera, en mayo, la Confirmación. Antes de terminar, y aunque sea una miss bautizada, hay una pregunta obligatoria según los manuales periodísticos a una mujer así. ¿Tiene novio? «Eso prefiero guardármerlo para mí. Pero sí puedo decir que vivo muy contenta...».

Publicado en Diario Vasco
2 de mayo de 2005