26.12.07

Eucaristía

Eucaristía

Cfr. Jn 6, discurso eucarístico.

Cfr. Sacramentum caritatis n. 7.

I. Jesús es enviado al mundo para salvar al mundo. “Dios envió a Jesús al mundo para que el mundo se salve por él”.

Jesús es el enviado de Dios.

Participamos de la misión de Jesús. Los discípulos de Jesús participamos de ese envío de Dios al mundo. Y esto es una consecuencia de nuestra filiación divina, que tiene mucha importancia. En Jesús no se puede separar su ser Dios, de su ser Redentor.

Nosotros estamos totalmente implicados en la misión redentora de Jesús, porque Cristo mismo nos asimila a sí. “Este pan que vosotros veis sobre el altar, santificado por la palabra de Dios es el cuerpo de Cristo. Este cáliz, mejor dicho, lo que contiene el cáliz, santificado por la palabra de Dios, es sangre de Cristo. Por medio de estas cosas quiso el Señor dejarnos su cuerpo y su sangre, que derramó para la remisión de nuestros pecados. Si lo habéis recibido dignamente, vosotros sois eso mismo que habéis recibido” (San Agustín).

“No sólo nos hemos convertido en cristianos, sino en Cristo mismo” (San Agustín).

De que tú y yo nos portemos como Dios quiere, no lo olvides, dependen muchas cosas grandes (San Josemaría).

II. Para cumplir ese designio de salvación eterna, Jesús se entrega por completo. En la Eucaristía Jesús no da “algo”, sino a sí mismo; ofrece su cuerpo y derrama su cuerpo.

La entrega de Jesús es una oblación voluntaria.

“El cumpleaños del Santo Padre me trae a la memoria la fumata bianca del 19 abril de 2005. El humo blanco de la chimenea de la Capilla Sixtina anunciaba no sólo una elección, sino también una oblación. Era señal de aceptación gustosa del peso que supone ser el Sucesor de San Pedro, cuando en el horizonte del Cardenal Joseph Ratzinger se divisaba un justo y merecido descanso, después de largos años de trabajo intenso en la viña del Señor” (Carta 16/04/07 con motivo del 80 cumpleaños del Papa).

Nosotros hemos sido elegidos por Dios y nuestro Serviam! lo actualizamos cada día, en cada momento. Todo nuestro actuar es un actuar para Dios, una entrega gustosa al cumplimiento de la voluntad de Dios. A eso llamamos unidad de vida.

Como la Virgen María, estamos plenamente disponibles a la voluntad de Dios.

III.

En la Eucaristía Jesús nos entrega su entrega. “Entrega así toda su vida, manifestando la fuente originaria de este amor divino”.

El amor de Dios por nosotros

El amor de Dios por nosotros

Dios es Amor, y todos sus actos son fruto de ese Amor. Dios no se cansa de salir a nuestro encuentro a pesar de que a veces le rechacemos o miremos hacia otro lado.

En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios; en que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo para que recibiéramos por él la vida. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados (1 Jn 4, 9-10).

En la muerte Cristo nos ha amado hasta el extremo de seguir buscándonos incluso cuando le ofendemos o le rechazamos (cfr. Jn 13, 1). La Eucaristía es la presencia sacramental de Cristo que desea a vivir en nosotros y con nosotros por Amor.

Hemos de ver en las dificultades, en las enfermedades el cariño de Dios que nos purifica para podernos unir a Él, y que cuenta con nuestra colaboración para ganar almas para el Cielo. Cuando ames de verdad la Voluntad de Dios, no dejarás de ver, aun en los momentos de mayor trepidación, que nuestro Padre del Cielo está siempre cerca, muy cerca, a tu lado, con su Amor eterno, con su cariño infinito (Forja, n. 240).

Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor (Jn 15,9). Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4, 16). Toda nuestra vida cristiana se apoya en el amor Dios y lleva a corresponderle con un amor desinteresado, libre, personal, total. Por otro lado, el Señor nos ha mostrado una especial predilección eligiéndonos para la Obra. No sé qué te ocurrirá a ti..., pero necesito confiarte mi emoción interior, después de leer las palabras del profeta Isaías: "ego vocavi te nomine tuo, meus es tu!" —Yo te he llamado, te he traído a mi Iglesia, ¡eres mío!: ¡que Dios me diga a mí que soy suyo! ¡Es como para volverse loco de Amor! (Forja, n. 12).

25.12.07

Ver para creer

Una maestra quiso demostrar a sus niños de primaria que Dios es un mito. La clase ocurrió así:

MAESTRA: Hoy vamos a aprender que Dios no existe. (Entonces, dirigiéndose a uno de los niños dice:) ¿Tito, ves el árbol allá afuera?

TITO: Si, maestra.

MAESTRA: ¿Tito, ves la hierba?

TITO: Si, maestra.

MAESTRA: Vete afuera y mira hacía arriba y dime si ves el cielo.

TITO: (Regresando unos minutos mas tarde) Si, vi el cielo, maestra.

MAESTRA: ¿Y vistes a Dios?

TITO: No, maestra.

MAESTRA: Esto es exactamente mi punto. Podemos ver todo lo que existe, pero no podemos ver a Dios porque El no existe. Es un cuento.

En ese momento, María, una compañera de Tito, pidió a la maestra si podría hacerle mas preguntas a Tito.

La maestra, algo sorprendida, accedió.

MARIA: ¿Tito, ves los árboles afuera?

TITO: Si.

MARIA: ¿ves la hierba?

TITO: (ya aburrido de tantas preguntas, contesta) Siiiiiiiii

MARIA: ¿ves a la maestra?

TITO: Siiiiii

MARIA: Todo lo que existe se ve, ¿cierto?

TITO: Siiii

MARIA: ¿ves el cerebro de la maestra?

TITO: Noooo.

MARIA: Entonces, Tito, según nos han enseñado hoy, ¡nuestra maestra no tiene cerebro!


Hebreos 11:1
La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven.

Cómo vivir la Navidad en familia

¿CÓMO VIVIR LA NAVIDAD EN FAMILIA?


A) Vivir bien el Adviento (tiempo de esperanza y de espera activa):

1. Colocar en una zona visible la llamada "corona de adviento": una corona formada por ramas de pino o de abeto, decoradas con cintas navideñas de color rojo, y con cuatro velas (se encienden a medida que avanzan los domingos: una el primero, dos el segundo, y las cuatro el cuarto domingo de adviento). Esto recuerda a los hijos que se va acercando la Navidad.

2. Poner un montón de paja junto a la cuna vacía donde se colocará el Niño Jesús el día de Navidad. Explicar a los hijos que cada vez que hagan un pequeño sacrificio o una buena obra por Jesús, pongan un poco de paja del montón en la cuna, para que cuando llegue el día 25, el Niño esté cómodo en esa familia. Ponerles ejemplos de pequeños sacrificios: hacerse la cama, ayudar a recoger los platos, bajar la basura, coger el teléfono, obedecer a la primera, renunciar a alguna golosina, etc.

B) Vivir algunos detalles que recuerden la Navidad (tiempo festivo):

1. Crear un ambiente Navideño en la casa mediante una decoración sencilla. Que participen todos recortando papel de colores con motivos Navideños (la estrella de Navidad para guiar a los reyes, ángeles con trompetas, coronas de los tres Reyes Magos, pastores, el Belén, etc.). Es más formativo que lo hagan los hijos (aunque convendrá comprar algún adorno navideño).

2. Montar el tradicional belén o pesebre de Navidad. Pueden instalarse varios belenes en la casa: que los pequeños construyan el suyo con figuras de papel coloreadas. El belén familiar puede colocarse en la sala de estar o en un lugar principal.

3. Enseñar a los hijos a hacer oración delante del belén: que procuren "hablar" con Jesús, con la Virgen, con San José. Que aprendan de la humildad y la pobreza de Jesús. Que sepan hacer actos de amor.

4. Leer juntos, delante del belén, los pasajes del Evangelio en los que se relata el nacimiento de Jesús: el edicto del César, viaje hasta Belén, nacimiento… o, mejor todavía, relatarlo o narrarlo como si fuera un cuento, pero dejando claro que se trata de una historia real.

5. Que los hijos piensen qué le pueden regalar al Niño Jesús estas navidades: portarse bien, obedecer a la primera, cumplir los encargos, etc.

6. Explicarles que las luces de la calle, la decoración de las tiendas y tantos adornos más son como un eco de aquella alegría que experimentaron los pastores ante el anuncio de los ángeles: “os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo”.

7. La razón de la alegría de esos días es un motivo religioso: que "hoy os ha nacido un salvador, que es el Cristo Señor" (Luc. 2, 11). Dios está más cerca de nosotros que nunca. Podemos acercarnos a Él sin miedo, porque el Niño Dios sólo puede despertar cariño y afecto. Si los hijos entienden bien esto, su alegría no dependerá ni de los regalos ni de cosas materiales.

8. Esos días la gente quiera hacer cosas buenas y portarse mejor: no es un sentimiento puramente emotivo o filantrópico; esa cercanía de Dios, que rememoramos cada Navidad, ha traído realmente muchas gracias para toda la humanidad, despertando en todos esos deseos de mejorar y de hacer el bien.

9. Es muy conveniente cantar los villancicos navideños tradicionales en familia, todos juntos. Las letras de esas canciones tan populares ayudan a entender muy bien la Navidad y a manifestar con sencillez el cariño hacia el Niño Dios. Si se cantan con frecuencia, lo normal será que los hijos acaben aprendiendo de memoria la letra de esos villancicos, pero, no obstante, es bueno disponer de "cancioneros" con las letras de los más populares.

10. Lógicamente, el día de Navidad es bueno preparar una comida especial, como manifestación de la alegría que todos sienten, para que también así entre "por los ojos" la importancia de esa fiesta.

11. Hablar con los hijos del ambiente de la Familia de Nazaret, para intentar "reproducirlo" en el propio hogar, concretándolo en detalles de servicio, etc.

12. Para conseguir que sean días de Navidad, y no unas simples vacaciones de invierno, es importante realizar algunas actividades que recuerden el sentido religioso de estas fiestas: tiempo para visitar enfermos, familiares solitarios o ancianos, etc. La Navidad no es sólo un tiempo para pasarlo bien, sino, sobretodo, para hacer el bien a los demás, movidos por el amor de Jesús.

13. El nacimiento de Jesús en Belén nos recuerda que el primer regalo que hemos recibido de Dios es haber nacido en una familia, tener un padre, una madre y unos hermanos. Los días de Navidad han de ser ocasión de una más intensa vida familiar. Que todos se esfuercen por cuidar algún pequeño detalle: puntualidad en las reuniones de familia (comidas, etc.), esfuerzo por conseguir un ambiente agradable, etc.

14. Puede ser interesante ver toda la familia algún vídeo o película que transmita valores positivos relacionados con la Navidad.

15. Asistir a alguna representación de belenes “vivientes”: facilitan mucho la piedad de pequeños y grandes. O visitar exposiciones de belenes, etc.

16. La tradicional "carta a los Reyes Magos" puede fomentar la generosidad de los hijos: hacerles ver que pueden pedir cosas para los demás hermanos, para toda la humanidad (por la paz del mundo, los enfermos, los pobres, etc.); o incluso entregar parte de sus juguetes para niños/as pobres que no pueden comprarlos.

17. Entregar la carta al "paje", ir a ver la "cabalgata", etc., no tiene nada de malo. La infancia debería ser un tiempo feliz y algo mágico, pero evitando gastos desproporcionados. A medida que los hijos crecen, conocerán "quiénes son los reyes", etc., y vivirán cada Navidad con la misma ilusión, porque lo principal sigue en pie: celebramos, con alegría, el nacimiento del Niño Dios.

24.12.07

25 de diciembre

La alegría de la Navidad

“Cuando Dios falta el mundo queda en tinieblas, todo resulta aburrido y nada satisface. En la actualidad se comprueba fácilmente en un mundo sin Dios se vacía cada vez más, y más necesidad tiene de consumismo, y se convierte en un mundo sin alegría. El máximo gozo se da siempre que hay un gran amor, y en eso consiste exactamente la afirmación esencial de la fe: somos amados por Dios de modo absoluto. Él es un amante fiel. (…).

Así que podemos decir que la alegría es el elemento constitutivo del cristianismo. Alegría, no en el sentido de diversión superficial, que puede ocultar en su fondo la desesperación. Sabemos bien que el alboroto es, a menudo, una máscara de la desesperación. Me refiero a la alegría propiamente dicha, que es compatible con las dificultades de nuestra existencia, y contribuye a hacerla más fácil. En el Evangelio, la historia de Jesucristo empieza con las palabras que el ángel dirigió a María, en forma de saludo: “alégrate”. Y en la noche de su Nacimiento, los ángeles también repetían: “os anunciamos una gran alegría”. Y el propio Jesús dice que viene a traernos una buena nueva, es decir, que el reiterado núcleo de su mensaje es este: Vengo a anunciaros una gran alegría, Dios está aquí, os ama, y esto es para siempre” (Ratzinger, La sal de la tierra, pp. 30-31).

“Nos reunimos para celebrar el gran misterio del amor que nunca termina de sorprendernos. Dios se hizo hijo del hombre para que nos convirtiéramos en hijos de Dios”

“La verdad que salva la vida, que se hizo carne en Jesús, enciende el corazón de quien la recibe con un amor al prójimo que mueve la libertad para devolver lo que se ha recibido gratuitamente”.

La venida de Dios, «que se hace como uno de nosotros en Navidad, es un don inestimable, un don capaz de hacernos vivir el abrazo universal de los amigos de Dios, en esa red de amistad con Cristo que une el cielo y la tierra, que orienta la libertad humana hacia su cumplimiento y que, si es vivida en su verdad, florece con un amor gratuito y lleno de atención por el bien de todos los hombres».

«No hay nada más hermoso, urgente e importante que volver a dar gratuitamente a los hombres lo que hemos recibido gratuitamente de Dios», reconoció el Papa.

“No hay nada que nos pueda eximir o dispensar de este exigente y fascinante compromiso. La alegría de la Navidad que ya experimentamos, al llenarnos de esperanza, nos empuja al mismo tiempo a anunciar a todos la presencia de Dios en medio de nosotros” (Benedicto XVI, Ángelus, 23/12/07).

Fijar los ojos en Jesús Niño. Vida de infancia

En los meses de septiembre y octubre de 1931, cuando en el corazón de aquel joven sacerdote germinaban tan copiosamente los afectos de amor, el Señor le confirmaba en el camino del verdadero abandono filial. Y del torrente de aquellas gracias brotó fortalecida otra vena de agua: una particular vida de infancia espiritual.

Tenía por costumbre, no pocas veces, cuando era joven —nos dice el Fundador—, no emplear ningún libro para la meditación. Recitaba, paladeando, una a una, las palabras del Pater Noster, y me detenía —saboreando— cuando consideraba que Dios era Pater, mi Padre, que me debía sentir hermano de Jesucristo y hermano de todos los hombres.

No salía de mi asombro, contemplando que era ¡hijo de Dios! Después de cada reflexión me encontraba más firme en la fe, más seguro en la esperanza, más encendido en el amor. Y nacía en mi alma la necesidad, al ser hijo de Dios, de ser un hijo pequeño, un hijo menesteroso. De ahí salió en mi vida interior vivir mientras pude —mientras puedo— la vida de infancia, que he recomendado siempre a los míos, dejándolos en libertad.

El 2 de octubre, fiesta de los Ángeles Custodios, tercer aniversario de la fundación del Opus Dei, y víspera de la fiesta de Santa Teresita de Lisieux, invocó ardientemente a los espíritus celestiales, y de manera especial a su Ángel Custodio:

Le eché piropos y le dije que me enseñe a amar a Jesús, siquiera, siquiera, como le ama él. Indudablemente Santa Teresita [...] quiso anticiparme algo por su fiesta y logró de mi Ángel Custodio que me enseñara hoy a hacer oración de infancia. ¡Qué cosas más pueriles le dije a mi Señor! Con la confiada confianza de un niño que habla al Amigo Grande, de cuyo amor está seguro: Que yo viva sólo para tu Obra —le pedí—, que yo viva sólo para tu Gloria, que yo viva sólo para tu Amor [...]. Recordé y reconocí lealmente que todo lo hago mal: eso, Jesús mío, no puede llamarte la atención: es imposible que yo haga nada a derechas. Ayúdame Tú, hazlo Tú por mí y verás qué bien sale. Luego, audazmente y sin apartarme de la verdad, te digo: empápame, emborráchame de tu Espíritu y así haré tu Voluntad. Quiero hacerla. Si no la hago es... que no me ayudas. Y hubo afectos de amor para mi Madre y mi Señora, y me siento ahora mismo muy hijo de mi Padre Dios.

Esta catalina es la primicia del nuevo camino emprendido. Pasó luego don Josemaría, en recogimiento interior, unos días de oración afectiva y fervorosa, mientras por la calle corrían rumores alarmantes de una nueva quema de iglesias y conventos. El 14 de octubre se enteró que se había aprobado el famoso y triste artículo 26 de la Constitución, que llevaba pareja la expulsión de la Compañía de Jesús. Esa misma tarde se fue a ver a su confesor a Chamartín. El peligro no afectaba solamente a los jesuitas.

Todos los conventos y residencias de religiosos estaban expuestos a ser asaltados. Los estudiantes católicos solían, para protegerlos, montar la guardia de noche. El 15 de octubre, día de Santa Teresa de Jesús, el capellán se presentó en clausura. Las monjas se hallaban atemorizadas por los alarmantes rumores que les venían de la calle. Las sosegó como pudo, poniendo calor y optimismo en sus palabras:

Hoy entré en la clausura de Santa Isabel. Animé a las monjas. Les hablé de Amor, de Cruz y de Alegría... y de victoria. ¡Fuera congojas! Estamos en los principios del fin. Santa Teresa me ha proporcionado, de nuestro Jesús, la Alegría —con mayúscula— que hoy tengo..., cuando, al parecer, humanamente hablando, debiera estar triste, por la Iglesia y por lo mío (que anda mal: la verdad): Mucha fe, expiación, y, por encima de la fe y de la expiación, mucho Amor. Además esta mañana, para purificar dos Copones, por no dejar al Ssmo. Sacramento en la Iglesia, comulgué casi medio copón, aunque di bastantes formas a cada religiosa.

Las religiosas le premiaron aquella siembra de alegría:

Al salir de la clausura, en la portería, me han enseñado un Niño, que era un Sol. ¡No he visto Jesús más guapo! Encantador: lo desnudaron: está con los bracitos cruzados sobre el pecho y los ojos entreabiertos. Hermoso: me lo he comido a besos y... de buena gana lo hubiera robado.

Desde entonces se acercaba todas las semanas al torno del convento y la Madre Tornera le dejaba el chiquitín. Era la época en que se entrecruzaban en su alma alegrías y desconsuelos, un ardiente fluir de afectos en su oración y duras pruebas en las que pedía una cruz sin Cirineos. La devoción al Niño iba informando su vida interior:

El Niño Jesús: ¡cómo me ha entrado esta devoción, desde que vi al grandísimo Ladrón, que mis monjas guardan en la portería de su clausura! Jesús niño, Jesús adolescente: me gusta verte así, Señor, porque... me atrevo a más. Me gusta verte chiquitín, como desamparado, para hacerme la ilusión de que me necesitas.

A medida que arraigaba en su alma la sólida devoción a la infancia de Cristo, comprobaba don Josemaría lo que ese comportamiento espiritual tenía de paradoja, pues requería, a un mismo tiempo, reciedumbre y exquisita delicadeza:

Reconozco mi torpeza, Amor mío, que es tanta..., tanta que, hasta cuando quiero acariciar hago daño. Suaviza las maneras de mi alma: dame, quiero que me des, dentro de la recia virilidad de la vida de infancia, esa delicadeza y mimo que los niños tienen para tratar, con íntima efusión de amor, a sus padres.

Por esas vías, que no eran de infantilismo sentimental, hacía el Señor más recia su alma, como observa en una catalina:

Camino de infancia. Abandono. Niñez espiritual. Todo esto que Dios me pide y que yo trato de tener no es una bobería, sino una fuerte y sólida vida cristiana.

Con la confianza de un hijo pequeño ante su Padre Dios, ajustó los antiguos hábitos de la oración, no sin esfuerzo, a aquel nuevo camino de infancia, confirmándose más y más en lo hermoso y suave que es este camino, porque lleva a los pecadores a sentir como los santos han sentido (Vázquez de Prada, Tomo I, pp. 404 y ss).

22.12.07

Fraternidad

Mandatum Novum.

"Para vosotros no habrá obstáculos insuperables, había escrito poco antes el Fundador a los suyos, sobre todo, cuando de continuo os sentís unidos, por una especial Comunión de los Santos, a todos los que forman vuestra familia sobrenatural. Pensamiento que sostenía su optimismo al encararse con la ingrata tarea de recomenzar a partir de las ruinas. Y no es mera casualidad el que, cuando don Josemaría visitó de nuevo Ferraz, el 21 de abril, encontrase un consolador vestigio de aquella fraternidad que allí se vivió. Entre los cascotes del piso, halló el pergamino que había mandado colgar antaño, con el texto evangélico: Mandatum novum do vobis: ut diligatis invicem, sicut dilexi vos, ut et vos diligatis invicem. In hoc cognoscent omnes quia discipuli mei estis, si dilectionem habueritis ad invicem" (Jn. 13, 34-35) (Vázquez de Prada).

La fraternidad es una consecuencia lógica del amor a Dios. Queremos a los demás con el amor de Dios.

El amor de Dios une, el egoísmo desune. San Lucas (cfr Lc 9, 46) cuenta cómo los apóstoles comienzan a convertir el poder divino de Jesús en un reino terrestre y en una soberanía humana. Discutían sobre quién tendría la preeminencia en la futura organización política y económica denominada “Reino de Dios”.

Nuestras casas son hogares de familia.

Somos distintos. Como los apóstoles. Simon Zelotes, nacionalista radical, compañero de apostolado de Mateo el publicano, por su profesión, un traidor de su pueblo (Sheen, p. 117).

Cfr. Memoria ingenua, p. 151.

Nada hay en el mundo que valga lo que vale un alma (Mc 8, 36). ¿De qué le sirve al hombre ganar la vida si pierde su alma?

"Con un convencimiento palpable, repetía que en cada uno de nosotros veía a Cristo joven, a Cristo que trabaja, a Cristo enfermo, a Cristo que sufre, a Cristo que hace apostolado, a Cristo que ama, a Cristo que se entrega, a Cristo que cumple la Voluntad del Padre. Por eso, se unía a la lucha espiritual de cada uno de los miembros del Opus Dei, y alzaba su oración al Señor por su fidelidad.

Recuerdo que, en 1971, atendió en dos ocasiones a una hija suya, desahuciada por el cáncer. Mientras estaba con la enferma, demostraba una fortaleza extraordinaria. Pero, a la salida de una de aquellas visitas, cercana la Navidad, Mons. Escrivá de Balaguer hubo de refugiarse en la capilla de la clínica, para enjugarse las lágrimas, deshecho por los sufrimientos de su hija. Se acomodaba con fortaleza a las necesidades de las almas, de acuerdo con lo que nos describía en 1958: hijos, nosotros estamos para servir a los demás, haciéndoles amable el camino que lleva a Dios. Hemos de servir a todas las almas. ¡Servir! Este es el secreto, si de verdad queremos ser humildes; y así veremos siempre con alegría los dones que los otros han recibido de Dios y sus buenas cualidades. Si no reaccionamos de esta forma, conviene que echemos una mirada sincera a nuestra alma porque quizá -y sin quizá- todavía andamos detrás de nuestro yo, de nuestra vanagloria, de esa gloria vana que nos hace susceptibles con todos y por todo" (Memoria del Beato Josemaría).

No juzgar. Usar la 'medicina de la misericordia'.

La parábola del buen samaritano.

Que vea con tus ojos Cristo mío, Jesús de mi alma.

Las prisas matan el amor.

26.11.07

Amor de Dios

Dios se ha enamorado del hombre. Nuestra vocación cristiana es llamada divina. La iniciativa fue suya. Ante ese derroche de generosidad, la respuesta por nuestra parte ha sido "aquí estoy porque me has llamado" (Sam 3, 1-10, 19-20). Dios nos dará las gracias y los talentos necesarios para que podamos corresponderle a lo que nos va pidiendo.

La vocación es llamada y la entrega es una correspondencia al amor que Dios nos tiene. Mi vocación no es una renuncia a nada. Yo soy de Dios. He nacido para ser de Dios. Soy Hijo de Dios.

Cfr. Carta 10/04.

El amor de Dios da sentido a la vida de cualquier cristiano. Nada en nuestra vida tendría sentido si no lo hiciéramos por amor a Dios.

El amor crece y se perfecciona con el tiempo. Se abrillanta, se pule, se acrisola.

San Josemaría estaba mucho más emocionado con su vocación al final de su vida que al principio. La “emoción” de San Josemaría no era una emoción sensible o sentimental.

Amor con amor se paga. Somos enamorados. El fundamento de nuestra fidelidad es el. Así lo resume San Josemaría en el último punto de Camino: “enamórate y no le dejarás”. El secreto de la perseverancia lo tenemos claro: “Ya comáis, ya bebáis, hacedlo todo por amor”, nos recuerda San Pablo.

“Nadie es feliz en la tierra hasta que se decide a no serlo. Así discurre el camino: dolor, ¡en cristiano!, Cruz; Voluntad de Dios, Amor; felicidad aquí y después, eternamente” (San Josemaría, Surco, 52).

En una Tertulia el día 8 de enero de 1995, el Padre, al día siguiente de la Misa en San Eugenio en la que habían participado todos los Vicarios regionales dando gracias a Dios por la ordenación episcopal del Prelado, contó que al final de aquella misa -tal como sucedió con Don Álvaro 4 años antes- hizo un recorrido por el pasillo central de la Basílica para dar la bendición a los asistentes, que aplaudieron al Padre durante todo el recorrido. El Padre, sonriente, daba la bendición a derecha e izquierda. No pudo llegar hasta el final de la Basílica por la cantidad de gente que había. El Padre comentó en la tertulia: “ayer dí muchas gracias a Dios por todo, pero me conmovió profundamente en la Basílica de San Eugenio, al final -cuando hubiera querido quedarme tiempo y tiempo con cada una y cada uno de vosotros-, ver tanta gente heroica, santa, con una vida escondida, que estaba en un rincón, al fondo de la iglesia, felicísima, sin estar nunca en primer lugar. Ese es el Opus Dei: tantas personas santas, que trabajan en lugares donde nadie les puede decir: ¡gracias!; tampoco esperan que se las den porque lo que buscan es el amor de Dios. Ese es el Opus Dei” (Cn 01/95, p. 41).

Hemos de rezar por nuestra propia vida interior, por nuestra conversión personal.

Podemos tener debilidades. Podemos ser miserables. Es más, Dios quiere nuestras debilidades, tenemos derecho a tener debilidades, tenemos derecho a ser miserables; pero Dios nos quiere enamorados. No es incompatible ser miserables y estar enamorados de Dios y de nuestro camino. San Josemaría se refería a él mismo como “un pecador que ama con locura a Jesucristo”. ¿Quería con estas palabras hacer una frase bonita?

2.10.07

La canonización de San Josemaría

Corriere della Sera, 6 ottobre 2007

L'Opera che don Escrivà non voleva


di Vittorio Messori

Fu giusto cinque anni fa, il 6 ottobre del 2002, in quella piazza San Pietro che aveva visto folle innumerevoli, ma mai una di tale dimensione. Per quanto conta, ne ho un ricordo privilegiato, almeno quanto a prospettiva visiva, trovandomi accanto a Giuseppe De Carli per aiutarlo nella lunga diretta televisiva. Il palco della Rai era una sorta di palafitta accanto al colonnato : da quella posizione elevata si vedeva come la marea umana fosse divisa in settori squadrati, dove ciascuno aveva il suo posto. Forse, un centomila persone, capaci peraltro di un silenzio impressionante, quando la liturgia lo richiedeva o quando il Papa parlava .

Ma, al di là del rigoroso ordine nello spazio ideato dal Bernini, la folla nereggiava compatta per l’intera via della Conciliazione, sino al Tevere. Anzi, ben oltre, tanto che, per salutare tutti, Giovanni Paolo II in papamobile fece addirittura il periplo di Castel Sant’ Angelo. A conti fatti, circa mezzo milione. Le telecamere inquadrarono volti bagnati dal pianto: piangevano perchè erano venuti da lontano, magari dando fondo ai pochi risparmi, ma i limiti fisici della piazza avevano impedito loro di avvicinarsi .Era la liturgia di canonizzazione di Josemarìa Escrivà de Balaguer, il “fondatore“ dell’Opus Dei. Le virgolette sono giustificate, le esigeva lo stesso interessato quando – malgrado il suo desiderio di nascondimento – si scriveva di lui. < >>, sono un fondatore senza fondamento, ripeteva, scuotendo il capo.

C’è, qui, un aspetto decisivo, eppure quasi sempre ignorato, dell’autocoscienza di una delle istituzioni cattoliche più amate (come confermò l’impressionante marea umana del 2002) e, al contempo, più contestate se non detestate, talvolta persino all’interno stesso della Chiesa. Amici e nemici spesso non sanno quale sia la realtà con cui si confrontano. Dunque, a un lustro esatto dalla canonizzazione, va ricordato che non solo don Josemarìa non voleva “fondare“ alcunché (meno che mai l’Opus Dei) ma vi fu costretto e vi si accinse, come confessò, <<de mala gana>>, di mala voglia.

Così, in effetti, andarono le cose: il mattino del 2 ottobre del 1928, il pretino aragonese di 26 anni, venuto a Madrid per completare gli studi in diritto, si trova nella camera assegnatagli per seguire esercizi spirituali di routine in una casa dei Vincenziani. Il giovane sacerdote non ha un temperamento mistico ma , semmai, pragmatico, da organizzatore e non da profeta, tanto da essere stato incerto tra seminario e politecnico, tra teologia ed architettura civile. Anche ora pensa a un futuro da solido amministratore di curia, non certo da prete carismatico. La sua spiritualità, che resterà tale per tutta la vita e trasmetterà poi ai discepoli ( l’Opus Dei non è per nulla milagrera), non attende “segni“ ma addirittura ne diffida, convinta che Dio parli attraverso le vicende quotidiane. Ebbene, proprio mentre le campane della chiesa vicina suonano il mezzogiorno, avviene “l’evento” – inaspettato e sconvolgente – che muterà la vita non solo di don Josemarìa ma di innumerevoli persone nel mondo e che porterà alla prima, e sinora unica, Prelatura Personale della Chiesa, con 84.000 seguaci, tra i quali 1.800 sacerdoti, in ogni continente. Per dirla con le parole del Postulatore della causa di canonizzazione: <vide l’Opus Dei, così come il Signore la voleva e come avrebbe dovuto essere nel corso dei secoli>>. Don Escrivà affermò sempre, con decisione, che l’istituzione non era affatto “sua“, che non nasceva da analisi, discussioni, desiderio di rispondere a bisogni spirituali o materiali, come avviene per ogni altra famiglia religiosa. Non, dunque, una fondazione ma una rivelazione. Il nome stesso, “Opera di Dio“, vuole indicare che tutto era da sempre nei progetti celesti e che il giovane – nonché povero e isolato – sacerdote giunto da Saragozza è stato scelto solo come strumento. Strumento, per altro, a lungo recalcitrante, tanto da avere cercato di sottrarsi a un compito che non solo non aveva cercato ma che lo spaventava. Ma, se proprio doveva caricarsi di quella croce, l’avrebbe almeno limitata: <<>> , scrisse a uno dei pochi amici con cui si era confidato. E invece, il 14 febbraio 1930 , mentre celebrava la messa, una nuova mazzata: “rivide“ ciò per cui, volente o nolente, doveva essere strumento ubbidiente e, con sgomento, scorse che era composta non solo di uomini ma anche di donne. Oggi, in effetti, maschi e femmine sono in parità numerica tra i membri dell’Opera. Un giardiniere, dunque, cui il Padrone dell’orto affida un seme perchè, dedicandovi una vita di lavoro, lo trasformi in una pianta, la cui specie e il cui aspetto sono stabiliti ab aeterno.Da qui, conseguenze importanti: innanzitutto, la convinzione che l’Opus Dei, in quanto nata non da un piano umano per rispondere a circostanze particolari ma da un progetto sovrumano, ha per sè i secoli, sino alla fine della storia e al ritorno del Cristo . La persuasione, poi, che il processo di crescita sarà lento e graduale ma -come avviene appunto per un grande albero- continuo e sicuro. Dio, che l’ha voluta, è garante del suo avvenire. Da qui la <> , senza fretta ma in qualche modo implacabile, che contrassegna un’Opera che avrebbe colto di sorpresa persino colui che, da cinque anni, la Chiesa ha innalzato tra i suoi santi.

15.5.07

Violencia de género

Autor: Antonio García-Berbel M
Hace casi un año, pudimos leer en la prensa catalana: “Bargalló cree que la violencia de género es un síntoma de un fracaso social”. En esa ocasión, por ese motivo, y sin que sirviera de precedente, como granadino, andaluz y español mostré mi total acuerdo con el diagnóstico pero no con la terapia del que fue Conseller en Cap de la Generalidad de Cataluña. Ciertamente es un síntoma del fracaso social. Con lo que discrepaba, y lo mantengo, es con las medidas que propuso para su aplicación.
Si hacemos un pequeño análisis de los casos de violencia doméstica, que desgraciadamente acaban mal, se comprueba que: se producen, generalmente, en parejas desorientadas, constituidas por personas con problemas psicológicos o con una formación carente de valores, o las dos cosas al mismo tiempo.
No es de extrañar, con una educación en la que no se profundiza en los valores familiares y sociales. ¿Continúa creyendo el Sr. Bargalló que con chips en las orejas o en el cuello de los agresores, como si fueran perros o vacas, se solucionarán los problemas, tal y como proponía?
¿La salida de esta gravísima lacra social es poner más dineros? No se despechan pero, con esa medida, se puede llevar a los ciudadanos un mensaje para sentir miedo y falta de libertad. La solución pasa, entre otras muchas acciones, por un rearme moral de todas las personas, sin distinción de ningún tipo, y con objetivos bienhechores de los ciudadanos. A título de ejemplo: recuperación de la trascendencia, sentido de la vida…
Es admirable la declaración de las instituciones granadinas considerando “intolerable” la lacra de violencia doméstica.
Que se cumpla, no solamente en Granada sino en todo el territorio español, el deseo del Alcalde de la ciudad de la Alhambra, don José Torres Hurtado: “que el respeto y la paz en el entorno familiar se imponga”.